La clave de Sol

“Primero dijeron que no era posible quedarse después de las diez sin que hubiera problemas. Luego, cuando montamos esa carpa de ahí, muchos pensaron que la desmontarían y nos sacarían por la fuerza. Y aquí seguimos”. Con estas palabras comienza una de las intervenciones más aplaudidas en Sol en lo que va de noche. El anuncio por parte del gobierno de flexibilizar el horario de la protesta en Sol no se debe a un gesto de comprensión ni de tolerancia, si no a una estrategia bien calculada. Intentar desalojar la plaza en la que desde las siete de la tarde se han ido encontrando decenas de miles de ciudadanos cargados de determinación no es un movimiento inteligente y en el Ministerio del Interior lo saben. El uso de la fuerza, como ya han podido comprobar durante todo un año, ha servido para hacer crecer la solidaridad entre los manifestantes, así que parece que, de momento, los responsables del gobierno han decidido seguir la misma estrategia que usa su presidente Mariano Rajoy en los momentos difíciles: no hacer nada.

La masiva concentración, pacífica, festiva, tranquila, se ha mantenido compacta hasta pasada la una de la madrugada. Después, poco a poco, ha ido desaguando en un goteo continuo por las calles aledañas a la plaza de Sol, hasta que varios miles de personas han iniciado una asamblea en la que se informa de las actividades de los próximos tres días y en la que se debate la pregunta que circula desde hace horas por la plaza. “¿Nos quedamos?”. Uno de los manifestantes recuerda a los presentes que lo importante no es ocupar las plazas aunque también forme parte de la protesta, si no coordinar las acciones y actividades de los próximos días y poner en común el trabajo que cada día queda fuera de los focos mediáticos.

Mientras tanto, las “lecheras” de la policía van abandonando la plaza, un grupo de personas recoge latas y plásticos del centro de la plaza, y en el punto de información se esmeran por conseguir bolsas de basura y escobones para limpiar el suelo. Varios djembes suenan frente a la calle Carretas, donde una hora antes un grupo de batucada marcaba el ritmo de los cánticos. “Madrid será la tumba del sistema”, “no tenemos miedo” o “Bankia al bankillo” son algunos de los lemas que se han sumado a los ya clásicos “dormíamos, despertamos” o “esta noche va a salir el Sol”.

La ironía ha vuelto a ser invitada de lujo en el primer aniversario del 15M, en el que se celebra mucho más que un cumpleaños. Una tienda de campaña rebotaba de mano en mano por encima de las cabezas de los asistentes, a modo de burla sobre la prohibición de acampar, y un cartel que proclamaba la “República del 99%” volaba suspendido por globos pasando sobre los rotativos azules de los furgones policiales.

A las tres de la madrugada la asamblea continúa, mientras algunos prefieren irse a dormir para volver pronto por la mañana. Quieren estar frescos para un domingo intenso o por si la policía intenta un desalojo en las horas de menor afluencia, como ya ocurrió el año pasado. Decidan lo que decidan, todos saben que la clave de Sol, y la del resto de plazas, consiste en mantenerse unidas.

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