De León a Barcelona a León a Barcelona a León a Barcelona….

He venido a casa de mis padres tres días, a buscar mis cosas otra vez, a hacer de nuevo la maleta. Me vuelvo a Barcelona tres meses porque he conseguido trabajo en el hospital y claro, estoy muy contenta. Barcelona ha sido mi hogar durante casi cinco años. Tengo amigos y una pequeña familia de expatriados de todas partes que, como yo, han dejado lejos hermanos y padres. En Barcelona he sido (y soy muy feliz). Creo que he sido feliz en todos los lugares en los que he vivido en los últimos nueve años.

Mi historia no tiene nada de especial: una mañana de octubre, el abrazo de mis padres en la puerta de casa, la maleta, más ilusión que miedo, un novio que se queda y se acabará convirtiendo en un teléfono hasta desaparecer, unas cuantas amigas que nos iremos desperdigando con el paso de los años por distintas ciudades europeas, gente nueva, los amigos de siempre cuando vuelves de visita que te dicen “no vuelvas que aquí no hay nada”, los cambios, la nostalgia, las aspiraciones, los viajes…

Y cuando vuelves, los padres cada vez más mayores (aquí consideramos que más mayores está bien dicho), cada vez más amigos fuera, y los que aún están, parados, se sienten demasiado viejos para irse y demasiado jóvenes para asegurar nada. Te repiten que si se hubieran ido antes…pero que las ciudades grandes no son para ellos. Los ves tomando unos cortos, subiendo al monte, creando e ideando mil maneras de buscarse la vida.T e escuchan con atención porque tú has viajado, has estado fuera y, según ellos, has visto mundo, y eso aquí, se respeta. Y tú que piensas que ellos son más cultos, más fuertes, más nobles y honestos. Son reflexivos. Son enérgicos. El que se va representa el individualismo y la libertad, el valor, el que se lanza a lo desconocido. El que se queda es estandarte de la lealtad, del amor a la tierra que no tiene nada que ver con banderas, el amor a esa roca, a ese bosque, a los ríos y al cielo estrellado. Su patria, los senderos. Sus colores, los brezos en flor. Los adoquines de las calles bajo las luces doradas marcan su camino.

El viento es helado aún en pleno junio, y las nubes altas como catedrales, negras de lluvia. Los valles asturleoneses se vuelven noticia por el conflicto minero. Los ojos de medio mundo se vuelven hacia las comarcas del carbón, y sus habitantes, que no están acostumbrados a ser el centro de ninguna mirada, se abren al extraño que se preocupa por dar visibilidad a su lucha. Reciben a los periodistas en sus casas, sin importarles si son freelance y si trabajan para AFP, aquí no hay estrellas, hay trabajadores y el informador es otro currante que defiende su puesto de trabajo. Los obreros son, ante todo, solidarios. En las casas se llenan de comida los platos y de vino los vasos. Los propios mineros guían a los de fuera por la maraña de cuencas mineras y les llevan a los pozos.

Las imágenes de la lucha en el norte no han cambiado apenas en cien años. Hombres cubiertos con pasamontañas se enfrentan a la policía lanzando voladores, piedras y tuercas. Paran a los camioneros mediante barricadas ardiendo y atraviesan los vehículos en mitad de la carretera. Escapan al monte donde los antidisturbios lo tienen todo perdido. La policía lo sabe y juega al desgaste con los mineros, esperando a que el cansancio provoque divisiones internas. Son escenas que llenan de orgullo y de dolor a las mujeres de la zona, tan fuertes o más que los propios hombres.

Pero yo estoy haciendo nuevamente la maleta, dejando a mi gente en pie de guerra porque en Barcelona tengo trabajo para los próximos tres meses. Encontraré personas que comprendan lo que está pasando, que de verdad vean el trasfondo de todo ésto. Encontraré también trabajadores de la industria, o licenciados precarios, peluqueras, físicos, fotógrafos, arquitectos, charcuteros, todos igual de jodidos en su área. Sin duda me toparé con aquellos que empiezan infinitas discusiones acerca de cómo debería ser la lucha obrera, ataviados con camisetas del Che, y que no han entrado en una fábrica en su vida. Me cruzaré con miles de personas, con caras desconocidas, con gente y más gente que tiene una historia quizá como la mía pero que no significan nada para mí. En los pueblos todos se conocen, para bien y para mal. En las grandes ciudades casi nadie se conoce, para bien y para mal.

El día 25 se asestará el golpe definitivo a la minería leonesa, asturiana y palentina. Morirá con ella una forma de vida, la cultura centenaria de muchos pueblos que no tienen otra manera de vivir. Atrás quedará la historia de lucha contra los empresarios, las huelgas, los encierros, los conflictos entre minería y conservación del medio ambiente… lo que no sabe tanta gente es que se perderán también la fraternidad, la unión, el ambiente tabernero tras el trabajo, las comidas cocinadas en fuego de carbón, las leyendas, las canciones, el dolor compartido por todo un pueblo tras un accidente laboral… se perderán muchas cosas que soy incapaz de explicar a quien no conozca nuestras montañas. Se perderán miles de puestos de trabajo en regiones donde la reconversión del sector no se ha llevado a cabo correctamente por culpa de la corrupción política y empresarial. Como siempre, no serán los culpables los que lo paguen. Se vaciarán los pueblos, los jóvenes tendrán que emigrar. Y los niños que amaban su tierra crecerán sin oportunidades, por lo que desearán escapar a las ciudades. Seguramente en su casa les dirán eso de “vete, que aquí no hay nada”, y harán su maleta, con más ilusión que miedo, dejando padres y hermanos…

 

 

Anuncios
Categorías: Uncategorized | 5 comentarios

Navegador de artículos

5 pensamientos en “De León a Barcelona a León a Barcelona a León a Barcelona….

  1. Te quiero, manina…

  2. Hasier

    Uau, realmente un relato conmovedor chusa

  3. Lindo blog..linda tú. Leti

  4. Ruben

    Por si fuera poca casualidad,conocer a alguien de barcelona por internet,que ese alguien te presente gente cuando viajas a su tierra y que de esa gente una sea enfermera y trabaje contigo,ahora resulta que navegando por este oceano de internet,encuentro este oasis de tus pensamientos.
    Me alegra ver que aun siendo tan viajera,nunca te olvidas de tu tierra y sus gentes.
    Un saludo de un cazurro.

    • Ruben! Me ha costado un poco saber quién eras en este post, pero ya he caído 🙂 Cómo te va? Te mando un abrazo grande!!!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: